La empresa sanluqueña Grupo Praysa se encarga de eliminar barreras, en especial de montar ascensores en bloques antiguos, un salto de calidad para el futuro de los vecinos.

Érase una vez un osado emprendedor que dejó su cómodo trabajo en el sector bancario para ayudar a personas impedidas, para hacerle más llevadera la existencia a vecinos que vivían aprisionados en sus propias casas. No es ningún cuento. Es la historia real del sanluqueño Francisco Vázquez que, en 2005, dejó atrás los créditos, las hipotecas y la Tasa Anual Equivalente para enfrascarse de lleno en la tramitación de las subvenciones autonómicas para construir un ascensor en el bloque de su suegra, Candelaria, de 77 años, en la barriada de La Paz de Sanlúcar la Mayor, que no podía bajar las escaleras debido a una rotura de cadera. Cinco años se llevó sin poder salir de su casa hasta que, en junio de 2010, su yerno le trajo el ascensor con la subvención autonómica bajo el brazo.

“Estoy cada día más contenta. Gracias al elevador, voy en un taxi adaptado a ver a mi marido, que está en una residencia, y todos los días bajo a tomarme mi refresquito al bar La Jarrita. ¡Y el domingo pasado pude ir a votar!”, comenta con alegría Candelaria.

El efecto llamada fue inmediato y Vázquez montó un total de 12 ascensores en el barrio sanluqueño. Algo que empezó como un impulso producido por la solidaridad y el amor familiar se convirtió en 2007 en el Grupo Praysa, una compañía que abarca innumerables proyectos que pretenden dar soluciones reales a la hora de eliminar barreras arquitectónicas. Merced al compromiso de Praysa para mejorar los costes de obra civil y reducir los tiempos de ejecución en las intervenciones de eliminación de barreras, Francisco Vázquez llevó a cabo un enorme esfuerzo en el terreno de I+D+i. Y una de las acciones más demandadas es la instalación de ascensores en edificios ya existentes.

En ese sentido, Praysa ha desarrollado y patentado su propia solución modular para torres de ascensor, que es única en España. Este sistema modular reduce los costes de obra civil tradicional en un 40% y, siendo competitivo con el resto de sistemas modulares del mercado en cuanto a precio, presenta la ventaja de reducir los tiempos de montaje a tan sólo 10 horas para una torre de cinco plantas. “El valor de la vivienda, con ascensor, asciende al triple de su precio inicial”, dijo Vázquez, que añade: “El piso con elevador se alquila fácilmente. Si no lo tiene, no se alquila”. Conchi, la esposa de Vázquez e hija de Candelaria, reconoce que su marido pasa muchas horas fuera de casa trabajando, pero ella no se enfada por una razón: “Me consuela saber que le está solucionando la vida a otras personas. El ascensor le ha cambiado la vida a mi madre. Y a nosotros también”.

Todavía quedan 11 bloques sin ascensor en Sanlúcar la Mayor, es decir, 44 familias que todavía pueden hacer que el cuento con final feliz se haga realidad.

Publicado originalmente en Diario de Sevilla

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